Chick-fil-A es la única gran cadena de comida rápida de Estados Unidos que cierra sus puertas todos los domingos, sin excepción. Y aun así, cada uno de sus restaurantes factura de media el doble que un McDonald’s. La explicación no está en ninguna estrategia de márketing: está en una promesa que su fundador se hizo a sí mismo en 1946.

La decisión de 1946

S. Truett Cathy abrió su primer restaurante en Hapeville, Georgia, en 1946. Tras años trabajando siete días a la semana en locales que no cerraban nunca, decidió que su negocio sería distinto: cerraría los domingos para que él y sus empleados pudieran descansar, estar con su familia o ir a la iglesia si lo deseaban.

Restaurante de comida rápida
Cerrado los domingos desde el primer día, sin ninguna excepción en casi 80 años.

«Si hace falta trabajar siete días a la semana para vivir de un restaurante, entonces necesitamos dedicarnos a otra cosa.» — S. Truett Cathy, fundador de Chick-fil-A

Una promesa que se mantiene

Cathy era bautista practicante y dio clases de catequesis durante más de 50 años. La política de cierre dominical se ha mantenido intacta desde entonces: su hijo Dan Cathy, actual presidente de la compañía, le prometió personalmente que él y sus hermanos seguirían cerrando los domingos pasara lo que pasara.

Los números, pese a todo

Cerrar 52 días al año que la competencia sí abre debería, en teoría, penalizar los ingresos. No ha sido así. En 2023, los restaurantes independientes de Chick-fil-A facturaron de media cerca de 9,4 millones de dólares al año, más del doble que el promedio de McDonald’s, que rondó los 4 millones de dólares por local ese mismo año.

Fuentes