La cara del coronel Sanders está en cada cubo de KFC. Lo que casi nadie sabe es que, en sus últimos años, el coronel fue el crítico más feroz de la cadena que había fundado, y que acabó enfrentado a ella en los tribunales.
Empezar de cero a los 65 años
Harland Sanders tenía un restaurante de carretera en Corbin, Kentucky, donde servía un pollo frito que se había hecho famoso en la zona. A mediados de los años cincuenta, una nueva autopista desvió el tráfico y el negocio se hundió. Lo vendió con pérdidas. Tenía 65 años y una pensión de 105 dólares al mes.
Le quedaba la receta. Se echó a la carretera para ofrecerla a otros restaurantes a cambio de unos centavos por cada pollo vendido, durmiendo muchas noches en el coche.

1964: dos millones de dólares
Funcionó. En 1964 había más de 600 locales vendiendo su pollo, y Sanders, con 73 años, vendió la empresa por dos millones de dólares a un grupo de inversores. Parte del acuerdo era que siguiera como imagen y embajador de la marca, con un sueldo anual. Su cara, su traje blanco y su perilla pasaron a ser el logo.

«Pegamento de empapelar»
Los nuevos dueños abarataron procesos para crecer más rápido, y al coronel no le gustó el resultado. Lo dijo sin filtros en la prensa: la salsa le sabía a pegamento de empapelar, y uno de los productos nuevos era, en sus palabras, una bola de masa frita pegada a un trozo de pollo.
Las críticas a su propia marca le costaron demandas por difamación. La más conocida, presentada por una franquicia de Bowling Green, llegó hasta el Tribunal Supremo de Kentucky, que la desestimó en 1978.

El restaurante de la discordia
Sanders y su esposa Claudia abrieron un restaurante propio en Shelbyville (Kentucky), con la cocina tal como él creía que debía hacerse. La empresa propietaria de KFC lo llevó a los tribunales por el uso de su nombre y su título de coronel; él, a su vez, la demandó por usar su imagen en productos que no había creado. El conflicto se cerró en 1975 con un acuerdo: Sanders recibió un millón de dólares y el restaurante siguió abierto con otro nombre, Claudia Sanders Dinner House.

Con razón
¿Por qué no prescindieron de él? Porque no podían: el coronel no era un empleado, era la marca. Siguió viajando como embajador de KFC hasta poco antes de morir, en 1980, a los 90 años. Su cara sigue en cada cubo.
Fuentes
- Josh Ozersky, Colonel Sanders and the American Dream (2012).
- William Whitworth, «Kentucky-Fried», The New Yorker (1970).
- Kentucky Fried Chicken of Bowling Green, Inc. v. Sanders, Tribunal Supremo de Kentucky (1978).